Normalmente dedico este blog a mis grandes aficiones: al baloncesto, al fútbol y los mundos de fantasía. Pronto habrá también un huequecito para la historia y películas, pero eso no quita con que, en reflexiones como las que he tenido hoy caminando por el campus de mi universidad, no piense en variar un poco el estilo de entradas y hacer homenajes a personas que se lo merecen. Que sí, que Steve Nash es buenísimo y lo adoro, y será una gran pérdida para el baloncesto cuando decida volver a su casa y contar sus millones y sus premios. Que Gasol es una leyenda del baloncesto español y se merece todos los elogios...pero por la calle hay muchos héroes anónimos que también se merecerían una y mil entradas en blogs a lo largo y ancho de todo este planeta, y hoy me centraré en uno de ellos, uno al que tengo la suerte de conocer, y que vive en mi residencia.
Blackwood, Bracken, Mallister, Casas que Invernalia nunca había gobernado, pero Catelyn vio cómo se levantaban, desenfundaban las armas, doblaban las rodillas y gritaban los antiguos lemas que no se habían escuchado en el reino desde hacía más de trescientos años, desde que Aegon el Dragón unificara los Siete Reinos... Pero en aquel momento volvían a escucharse, retumbando entre las vigas de la sala de su padre. —¡El Rey en el Norte! —¡El Rey en el Norte! —¡El Rey en el Norte!
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miércoles, 21 de marzo de 2012
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